Hace unos días la conocí. Se sentó enseguida, se acercó hacia mí bajo la frase: "Mucho gusto, dejame invitarte un vaso de vino". Se presentó como Abigail, me embrujó por completo su mirada. Entonces conversamos, y puedo dar fé que charlé con lo maligno...
- Hace un poco más de 10 años que ya no le rezo a dios.
- ¿Por qué?
- Porque me dejo solo...
- Anda, inténtalo una vez mas, total nadie se va a enterar. Si quieres me quedaré callada...
Luego de eso le pregunté:
- Me encantaría saber que es lo que pasaría si muero mañana, ¿a dónde iría mi alma?
A lo que ella respondió de manera sutil pero concisa:
- No te preocupes, estarás bien... te tendré un rinconcito allá abajo conmigo, y junto a tus amigos.
Sin titubear me lanzó filosamente como daga:
- ¿Cuál es tu pecado favorito, y que tan frecuente caes en él, mi nuevo amigo?
- No tengo uno en especial, pues todos me saben mal, aunque ya creo saber cual... ¡la falsedad!
Esta conversación estaba perdiendo los cabales, y seguía haciendo preguntas infames tales como:
- ¿Quieres vivir como uno más?, ¿O prefieres algo majestual? Te ofrezco más, por sobre todas las cosas placeres y mucho más... te ofrezco vida bacana.
- Nada, absolutamente nada de eso me interesa, tan sólo deseo conocerme más, pues ya no sé cual es mi meta...
Cansada de mis respuestas, la mujer soltó cabizbaja pero resonante:
- Entiendo, ya no perderé más tiempo. Me voy con alguien más, alguien más con menos fuerza.
- Creame mujer... nada de lo que usted me ofrece me interesa, mi único deseo es conocerme más, porque ya sinceramente... no sé cual es mi meta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario